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El Salvador camina hacia la recta final de la erradicación de la malaria al 2020 con un adversario en la mira: los casos importados desde países vecinos, que no han logrado un control efectivo de la enfermedad dentro de sus fronteras ni fuera de ellas.
 
Un nuevo estudio señala la importación de casos de paludismo como el nuevo desafío de este pequeño país, ubicado en el norte de Centroamérica, el único junto con Costa Rica que está cerca de lograr la meta de la Organización Mundial de la Salud de cero casos autóctonos durante tres años.
 
El Salvador pasó de aportar el 38 por ciento de los casos de malaria de Mesoamérica en 1985 al 2 por ciento en el 95 y a menos del 0,1 por ciento en el 2015, señala el estudio publicado por la revista Nature Communications y realizado por el Imperial College London de Reino Unido e instituciones de Estados Unidos, Alemania y El Salvador.
 
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha calificado como ejemplar el esfuerzo de este país para eliminar la enfermedad. Sin embargo, el artículo advierte que el poder de infección de los casos importados debe vigilarse de cerca, pues a la larga tiene la posibilidad de derivar en casos autóctonos.
 
“No podemos decir con un 95% de confianza que el país logrará la eliminación de la malaria para el 2020, asumiendo que se mantenga la misma tasa de importación”, indica el estudio.
 
Del 2010 al 2016, El Salvador registró 91 casos de malaria, de los cuales 30 fueron clasificados como importados. El 70 por ciento de estos provinieron de departamentos vecinos de Guatemala y según los resultados del estudio tienen altas posibilidades de contagiar cada uno al menos a una persona más. Aunque la enfermedad no es contagiosa por contacto, los mosquitos pueden picar a las personas infectadas y convertirse en transmisores. Lo que buscaba el estudio era mostrar cuánta propagación podría tener un caso importado, por lo que utilizó una metodología que se adapta bien al estudio de poblaciones pequeñas.  
 
“Estos valores se pueden usar para estimar cuántos casos esperaríamos que cada caso importado haya infectado, lo que es una medida de qué tan rápido se está propagando la malaria para tratar de comprender los patrones de transmisión entre 2010 y 2016”, sostiene la investigadora principal del estudio, Isobel Routledge.
 
Los picos de casos que vienen sobre todo de Guatemala se observan especialmente en agosto, cuando termina la cosecha, y en diciembre, cuando las personas salen de vacaciones y van a visitar a sus familiares al país vecino. Por eso, los investigadores creen que también existe “oportunidad para aumentar las actividades de vigilancia e intervenciones durante estos períodos clave de alta movilidad humana”.
 
Sin embargo, para lograrlo, los salvadoreños no solo deben seguir vigilando el comportamiento de la enfermedad sino que deben colaborar con otros países para controlarla. Existen programas regionales como el de Eliminación de la Malaria en Mesoamérica y la Isla de La Española que tienen ese objetivo.
 
“Definitivamente no quiero insinuar que la libre circulación de personas o el comercio a través del triángulo norte está teniendo consecuencias negativas”, aclara Routledge. 

Según la médica epidemióloga Ana Morice, del Ministerio de Salud de Costa Rica, quien no formó parte del estudio, la OMS ya tiene identificados los pasos a seguir: “intensificar la  vigilancia, mejorar la sensibilidad y especificidad del sistema de vigilancia, facilitar la detección de casos y la efectividad de la respuesta para evitar la transmisión”.

Enlace al estudio completo en Nature Communications

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