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Detrás de la resistencia de muchas personas alrededor del mundo a las vacunas hay motivaciones múltiples, que varían en el tiempo y en cada región —e incluso en cada país— debido a aspectos culturales, de género y socioeconómicos, concluyó un estudio basado en la revisión de los datos de tres años de un informe conjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el UNICEF.
 
Publicado en la revista Vaccine (junio), el estudio también comprobó que, en general, las autoridades de salud prestan poca atención a estudiar los aspectos por los cuales las personas no quieren vacunarse, lo que atenta contra el desarrollo de campañas de vacunación más eficaces.
 
Las dudas sobre la relación riesgo/beneficio (miedo a efectos colaterales o preocupación por la seguridad de las vacunas), los patrones culturales, los motivos religiosos y la falta de información totalizaron poco menos de la mitad de los motivos citados en casi todos países que respondieron los cuestionarios.
 
Sin embargo, la influencia de los medios de comunicación, el activismo de líderes influyentes y de los lobbies, además de las creencias y actitudes sobre la prevención, también fueron motivos citados frecuentemente en porcentajes menores. 
 
Las conclusiones fueron extraídas tras analizar las encuestas que entre 2014 y 2016 envió la OMS a los 194 países que forman parte de la Organización, solicitándoles información sobre si en sus territorios había dudas o resistencia a la vacunación. De haberlas, debían ser señaladas en una lista elaborada por la propia OMS. También se pedía indicar si el país había hecho algún tipo de estudio o encuesta pública en los cinco años anteriores preguntando a la población los motivos de las reticencias para vacunarse o vacunar a sus hijos.

 
Si bien en los tres años 184 países en promedio respondieron la encuesta, sólo alrededor del 75 por ciento (aproximadamente 150 países) respondió al primer indicador. De ellos, el 90 por ciento confirmó resistencias o dudas frente a la vacunación en sus territorios. Es decir, en casi dos de cada tres países existe algún tipo de renuencia.
 
Sin embargo, esta constatación está basada en la percepción y trabajo de los ministerios de salud, y no en encuestas ya que sólo aproximadamente un tercio de países había hecho consultas públicas en los cinco años anteriores para constatar los motivos por los que algunas poblaciones no se vacunaban.
 
A Noni MacDonald, investigadora de la Universidad de Dalhousie en Canadá y coautora de la investigación, no le sorprende que menos del 40 por ciento de países haya hecho estas investigaciones. “Muchos tienen recursos y experiencia limitadas", dijo a SciDev.Net.
 
El estudio encontró que los motivos para no vacunarse varían según las regiones del planeta. Así, en 2016, en el continente africano la religión y la cultura —citados en casi 20 por ciento de respuestas de los países de la región— fueron los motivos principales, seguidos  muy de cerca por dudas sobre la relación riesgo/beneficio, con poco más de quince por ciento. En 2014 y 2015, muchos africanos no se vacunaron por falta de conocimiento.
 
En Europa y en la región del Pacífico, la relación riesgo/beneficio fue predominante en 2014, 2015 y 2016 (entre 25 y 35 por ciento), seguida de la falta de conocimiento, que osciló entre el 10-15 por ciento de los motivos señalados.


En el Mediterráneo y el sudeste asiático la falta de conocimiento fue la principal razón mencionada en 2014 y 2015. Pero en 2016 fueron las únicas regiones del mundo con un pequeño porcentaje de países que no tuvieron dudas sobre la vacunación en sus territorios (12 por ciento en el Mediterráneo y 20 por ciento en el sudeste asiático).
 
En las Américas, la religión, la cultura y la relación riesgo/beneficio quedaron empatados como mayores motivos de resistencia a las vacunas en 2016, con menos del 20 por ciento, un resultado similar al de 2014. En 2015, la principal razón fue la relación riesgo/beneficio, seguida por la acción de líderes influyentes y organizaciones a favor o en contra de la vacunación.
 
Isabella Ballalai, presidenta de la Sociedad Brasileña de Inmunizaciones, pide tomar en cuenta otros factores que también pueden estar alejando a las personas de la vacunación, como las campañas de desinformación de los grupos antivacuna, especialmente a través de las redes sociales. "También hace falta recordarles a las personas que si dejamos de vacunarnos, las enfermedades vuelven", señala.
 
Un factor que puede ser muy importante para motivar a las personas a priorizar la vacunación como medida preventiva a enfermedades —ayudando de paso a desacreditar los mitos propagados por los grupos antivacunas— es  la colaboración de los médicos en su contacto con los pacientes, dice Ballalai.
 
Recuerda que un estudio de los Centros para el Control de Enfermedades y Prevención (CDC) de Estados Unidos constató que incluso cuando el paciente no cree en la eficacia de las vacunas pero el médico sí, y da orientación en ese sentido, “alrededor del 70 por ciento de las personas se vacuna. Pero cuando el paciente cree en la eficacia de la vacunación y el médico no, sólo el 8 por ciento de las personas lo hace”. Para Ballalai, las campañas de sensibilización de la comunidad médica son tan importantes como las de orientación a la población. “Adultos y padres de familia entienden que la prescripción médica hace toda la diferencia”, precisa.

> Enlace al estudio completo en Vaccine

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