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La minería ilegal está acelerando la deforestación en la Amazonía venezolana. Un total de 5.266 kilómetros cuadrados de vegetación fueron arrasados entre los años 2000 y 2015, pero lo más importante es que la mitad de esa superficie verde boscosa se perdió durante los últimos cinco años estudiados. 

Así lo comprobó un equipo de investigadores venezolanos, pertenecientes a Provita, una organización no gubernamental dedicada al estudio de la biodiversidad desde hace 31 años en Venezuela.

Ellos utilizaron imágenes provenientes de los satélites Landsat 5, Landsat 7 y Landsat 8 para realizar un análisis espacial bajo el protocolo de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (Raisg), mapear y comparar la tasa de deforestación en tres quinquenios diferentes: 2000-2005, 2006-2010 y finalmente, 2011-2015.}

La deforestación no es la única consecuencia de la minería. La sedimentación de los ríos y la contaminación por mercurio, a pesar de que este elemento está prohibido en la legislación venezolana, son otras de las consecuencias que hay que estudiar”.

Vilisa Morón-Zambrano, Sociedad Venezolana de Ecología


Los resultados de esta investigación fueron presentados en el 1° Congreso Latinoamericano y del Caribe de la Conservación Biológica, celebrado en Trinidad & Tobago, durante el pasado 26 de julio.

“En el período de 2010 hacia adelante, encontramos una afectación relacionada con la minería ilegal bastante grande. La velocidad en que la minería ilegal acaba con la capa vegetal es muy rápida, en comparación con las otras causas más tradicionales en la zona, como eran las actividades agrícolas/agropecuarias y los asentamientos urbanos”, explicó a SciDev.Net, el biólogo Juan Carlos Amilibia, líder de la investigación, en la que también participaron Irene Zager, Sara Carvajal y Rodrigo Lazo.

La actividad minera cercana a Las Claritas (Estado Bolívar), así como los puntos en los alrededores de los ríos Caroní e Ikabarú forman parte de las zonas más afectadas por la deforestación minera que fue detectada en el estudio.


En estas tres áreas, el oro es el principal mineral de la actividad, aunque también hay otras extracciones ilegales de diamantes, bauxita y coltán, este último un mineral muy usado en microelectrónica, telecomunicaciones e industria aeroespacial.

En los cinco años más recientes se perdieron 2.821 kilómetros cuadrados de la Amazonía venezolana, es decir el 53,6 por ciento de la superficie verde arrasada en todo el período estudiado. Esta deforestación incluye, por ejemplo, unos segmentos equivalentes a 445,72 kilómetros cuadrados dentro de las áreas naturales protegidas por la legislación venezolana y que se supone no deberían sufrir ninguna afectación.

La extensión deforestada de la Amazonía venezolana entre 2011 y 2015 también incluye otros 953,50 kilómetros cuadrados dentro de la zona delimitada para el Arco Minero del Orinoco, que es el proyecto bandera para la explotación minera del actual gobierno del presidente Nicolás Maduro y que deja patente los efectos de la actividad extractiva en la zona.   

El Arco Minero del Orinoco es un área ubicada en el sur del río Orinoco, que fue creada bajo un decreto estatal en febrero de 2016 y que demarca una superficie de 111.843,70 kilómetros cuadrados (12,2 por ciento de la superficie venezolana). Este territorio forma parte de la Amazonía venezolana y es el hogar de 16 pueblos indígenas y de otras 850 especies de pájaros, 257 mamíferos, 205 anfibios y 204 reptiles diferentes. “La deforestación no es la única consecuencia de la minería. La sedimentación de los ríos y la contaminación por mercurio, a pesar de que este elemento está prohibido en la legislación venezolana, son otras de las consecuencias que hay que estudiar”, advirtió a SciDev.Net, Vilisa Morón-Zambrano, presidenta de la Sociedad Venezolana de Ecología y magíster en ciencias biológicas, quien no participó en el estudio.

“La actividad minera genera el arrastre de sedimentos a los ríos y eso genera un cambio en el sistema que puede afectar a las 1.200 especies de peces, que sabemos viven en esa zona del sur del Orinoco”, recordó también Morón-Zambrano.

Ambos biólogos coincidieron, además, en que la deforestación en esta zona necesita otros estudios con una fase adicional de cotejo en varios puntos de la Amazonía venezolana, dado que en esta área ahora se sigue una práctica de minería ilegal de muy baja escala y en pequeñas superficies, cuyas consecuencias ambientales son difíciles de analizar solo a través de las imágenes satelitales.