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[CIUDAD DE MÉXICO] Un nuevo estudio internacional reveló la razón por la cual los árboles más altos son más vulnerables a impactos del clima como las sequías y las altas temperaturas, lo cual permitirá hacer intervenciones para evitar que estas especies mueran.

Según el informe “El estado de los bosques del mundo”, publicado por la FAO Forestal en 2016, de 2000 a 2010 se perdieron siete millones de hectáreas de bosques cada año en países tropicales. A pesar de que la causa más importante es la deforestación y el cambio de uso de suelo, también se han registrado impactos negativos debido a las sequías y las altas temperaturas.

Pero esos impactos no son homogéneos. En 2015, un artículo de Nature reveló que los árboles más altos son los que más sufren durante las sequías. Los autores analizaron los estragos de 40 sequías en diversas partes del mundo y concluyeron que en 65% de ellas los árboles más altos eran los que morían. Sin embargo, la causa se desconocía.

En el nuevo artículo, publicado en PNAS, investigadores de Brasil, Chile, Italia, España, Ecuador, Estados Unidos y México analizaron 1.535 muestras de 537 especies provenientes de 19 diferentes regiones climáticas.

“(...) por su tamaño, estos árboles son un componente adicional de la estructura del bosque pues dan cobijo a otras especies de menor talla, permiten su regeneración bajo su sombra, y dan albergue a aves, mamíferos, reptiles, etc.”

Miguel Cifuentes, CATIE


Encontraron que hay una relación entre la altura de las plantas, el diámetro de sus conductos, que son los que transportan agua y nutrientes desde la base hasta sus ramas, y las tensiones climáticas a las que están expuestas.

“Los árboles más altos son los que tienen conductos más anchos y, en consecuencia, mayor posibilidad de sufrir una embolia”, dijo a SciDev.Net Mark Olson, investigador del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México, y autor principal del artículo.

Así como las arterias de los seres humanos se obstruyen a causa de las placas de colesterol, los conductos de los árboles pueden obstruirse por la invasión de burbujas de gas, como resultado de la extrema fricción. Y los eventos climáticos, como las sequías, aumenta la presión y la obstrucción de esos conductos. 

“Cuando hay menos agua en el suelo y hace mucho calor, las plantas succionan más fuerte, entonces la tensión en el sistema conductor es más intensa. Esta presión es muy negativa y promueve la ruptura de las columnas de agua”, explica Olson.

A partir de sus resultados, los investigadores prevén cambios significativos en los bosques. Como las zonas boscosas tenderán a ser más secas, y las zonas frías, como la tundra o zonas alpinas, tenderán a ser más calientes, lo más probable, dice Olson, es que “los bosques en el futuro sean más bajos mientras que las plantas de las regiones frías o secas que, en general, son más bajas, crecerán más altas”. Miguel Cifuentes, investigador del Programa de Bosques, Biodiversidad y Cambio Climático del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE) en Costa Rica, quien no participó en el estudio, dijo a SciDev.Net que la presencia de los árboles grandes es esencial para la estabilidad de los bosques.

“Desde el punto de vista ecológico, por su tamaño, estos árboles son un componente adicional de la estructura del bosque pues dan cobijo a otras especies de menor talla, permiten su regeneración bajo su sombra, y dan albergue a aves, mamíferos, reptiles, etc.”, afirmó Cifuentes.
Además, abundó, “un solo árbol grande acumula de forma desproporcionada una gran cantidad de carbono comparado con árboles más pequeños”. Por lo tanto, con bosques más bajos se reducirá su capacidad de secuestrar dióxido de carbono y, con ello, mitigar los impactos del cambio climático.

Olson y sus colegas concluyen que sus resultados pueden servir para prevenir la muerte de árboles durante eventos climáticos extremos.

“Si tenemos información de que ocurrirá una sequía en una región determinada, entonces podríamos podar los individuos más grandes de una especie, porque nuestra hipótesis es que al podarlos, se vuelven más resistentes a embolias”, afirmó Olson.