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[SÃO PAULO] El abandono de las políticas de control de la deforestación y el apoyo político a prácticas agrícolas depredadoras hacen prácticamente imposible que Brasil alcance sus objetivos de contribuir a un mundo con temperaturas no mayores a 2° C.
 
Esta es la principal conclusión de un estudio publicado en Nature Climate Change (9 de julio) sobre los costos asociados al retroceso político en gobernanza ambiental impulsados por el presidente Michel Temer en su afán por retener el poder, y que comprometen las metas nacionales de emisión de gases de efecto invernadero establecidas en 2015 en el Acuerdo de París.
 
Entre los objetivos a los que se comprometió Brasil en el acuerdo climático figuran restaurar 12 millones de hectáreas de bosques, alcanzar la deforestación ilegal cero en la Amazonia y fortalecer el cumplimiento del Código Forestal.
 
Brasil es el séptimo emisor mundial de gases de efecto invernadero. Entre 2005 y 2012, las emisiones del país disminuyeron 54 por ciento, principalmente por la reducción de la deforestación en 78 por ciento.
 
Sin embargo, desde mayo de 2016, el presidente Temer ha firmado leyes y decretos para reducir los requisitos de licenciamiento ambiental y suspender la ratificación de tierras indígenas, reduciendo el tamaño de las áreas protegidas, entre otras medidas.
 
Sólo entre agosto de 2015 y julio de 2016, se derribaron casi 8 mil kilómetros cuadrados de bosques en la Amazonia, un aumento de 30 por ciento en relación al mismo periodo de 2014 y 2015. En consecuencia, la emisión de gases de efecto invernadero aumentó 9 por ciento en el período.
 
Según los autores, todo esto se ha hecho a cambio del apoyo político del poderoso lobby rural, que posee casi el 40 por ciento de los escaños del Congreso brasileño.

El gobierno ha abandonado la agenda ambiental, y considerando cómo van las cosas hasta ahora, no veo cómo podría alcanzar Brasil sus objetivos de emisión de gases de efecto invernadero establecidos en el Acuerdo de París”.

José Marengo, Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales

 
Para evaluar el impacto de estas acciones en la capacidad de Brasil de cumplir con sus compromisos para frenar el cambio climático, los investigadores utilizaron modelos de evaluación integrados para proyectar el esfuerzo necesario para cumplir el Acuerdo de París y mantener el aumento promedio de la temperatura global en no más de 2º C bajo tres escenarios de gobernanza ambiental: débil, intermedio y fuerte.
 
El escenario débil se basó en el período anterior a 2005, caracterizado por una gobernanza ambiental deficiente y altas tasas de deforestación. Bajo este escenario se perderían anualmente más de 27.000 y 18.000 km2 de la Amazonía y el Cerrado (la sabana brasileña), respectivamente, hasta 2025, lo que equivaldría a una emisión de 23,1 gigatoneladas de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera.
 
En el intermedio —que supone mantener las actuales políticas de control de la deforestación, estimulando prácticas predatorias en los bosques— la deforestación para 2030 alcanzaría en la Amazonia 17.000 y 15.000 km2 en el Cerrado, lo que resultaría en una emisión de 16,3 gigatoneladas de CO2.
 
El escenario intermedio está basado en el período 2012-2017, cuando la gobernanza ambiental sufrió una erosión gradual debido a la revisión del Código Forestal, que otorgó una amnistía a los anteriores deforestadores ilegales, lo que llevó a revertir la tendencia de reducción de la deforestación en la Amazonia, aumentándola en 22 por ciento solamente en las unidades de conservación.
 
Bajo el escenario fuerte, la deforestación anual en la Amazonia y el Cerrado se reduciría de 7.989 y 9.483 km2, respectivamente, a menos de 4.000 km2 para 2030. Está basado en los años 2005 a 2011, cuando el país experimentó mejoras sustanciales en la gobernanza ambiental, lo que condujo a resultados efectivos en la reducción de la deforestación.
 
"El incumplimiento de los objetivos no solo perjudicaría a otros países, sino también a otros sectores de la economía", dice a SciDev.Net Roberto Schaeffer, ingeniero del Instituto Alberto Luiz Coimbra de Estudios de Posgrado e Investigación en Ingeniería, un centro de investigación y aprendizaje de la Universidad Federal de Rio de Janeiro.
 
"Si tomamos en cuenta el escenario débil, el revés ambiental podría tener un impacto financiero de US$ 5,2 billones para 2050", destaca Schaeffer, uno de los autores del estudio. Dice que como Brasil no podría mantenerse dentro de su requisito de presupuesto de CO2 en el escenario débil, el resto del mundo necesitaría reducir sus emisiones para compensar el fracaso brasileño.
 
Otra opción sería que Brasil compre créditos de carbono en el exterior para cumplir su compromiso dentro del esfuerzo global por reducir las emisiones de gases invernadero.
 
Para José Marengo, meteorólogo del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, los hallazgos son alarmantes y evidencian los peligros de la crisis política del país.
 
"El gobierno ha abandonado la agenda ambiental, y considerando cómo van las cosas hasta ahora, no veo cómo podría alcanzar Brasil sus objetivos de emisión de gases de efecto invernadero establecidos en el Acuerdo de París", dice el investigador, que trabaja en las proyecciones futuras de aumento de la temperatura basándose en modelos climáticos regionales de las emisiones de gases de efecto invernadero.
 
Añade que es poco realista suponer que otros sectores de la economía compensarían la débil gobernanza ambiental del gobierno brasileño, o que el país disponga de recursos para comprar los créditos de carbono necesarios para cumplir su parte del acuerdo.
 
Marengo coordina un proyecto destinado a implementar y desarrollar una red mundial de investigación interdisciplinaria sobre cambio climático y sostenibilidad con la cooperación de 30 grupos de investigación brasileños y cuatro grupos internacionales de investigación.
 
Agrega que la única forma de evitar que esto suceda sería que el próximo presidente, que asumirá el 1 de enero de 2019, esté completamente comprometido con las cuestiones ambientales, dándole el mismo peso que las cuestiones económico-sociales.
 
El proyecto coordinado por José Marengo cuenta con el apoyo de FAPESP, donante de SciDev.Net.