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[CIUDAD DE MÉXICO] El número de investigadoras en América Latina es uno de los más altos del mundo. Mientras que el promedio mundial es 28 por ciento, en la región latinoamericana es 44 por ciento. Sin embargo, persiste una brecha de género que impide que tengan las mismas oportunidades y reconocimiento.  De ello, y de la importancia de introducir la dimensión de género en la investigación para fortalecer el rol de la mujer en la ciencia, habla en esta entrevista Julia Tagüeña, Directora Adjunta de Desarrollo Científico del Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología (CONACYT) de México.

En las Cumbres de Género se insiste en que la ciencia no es neutral, y que es necesario cambiar a un paradigma en el que la ciencia sea sensible a la dimensión de género, ¿cómo imaginas ese nuevo paradigma en la región latinoamericana?
Cada vez estoy más convencida de que es necesario incluir la perspectiva de género en la investigación de cualquier parte del mundo. E imagino un paradigma con más inclusiones, es decir que tenga a la diversidad como eje central, porque la evidencia nos dice que los grupos diversos hacen mejor investigación. Tener una visión más amplia hacia la investigación permite hacer mejor ciencia. Un ejemplo son los ataques cardiacos en mujeres. Como la sintomatología es distinta para hombres y mujeres, y dado que la sintomatología más popular es la de los hombres, las mujeres no reconocen cuando están teniendo un ataque cardiaco y no van al hospital a tiempo. Otro ejemplo son los cinturones de seguridad, que se diseñaron en un primer momento a partir de prototipos masculinos, y más tarde se dieron cuenta de que no funcionaban adecuadamente en las mujeres porque simplemente tenían otra anatomía. Por lo tanto, si tenemos un paradigma en el que la investigación y la tecnología toman en cuenta y atienden estas diferencias, estaremos enriqueciendo la vida de la gente.

En México, a través del CONACYT, hemos tomado acciones, por un lado, de equidad de género y, por otro, para incorporar el análisis de género a la investigación”.

Julia Tagüeña


Además de mejorar la calidad de vida de las personas, la dimensión de género en la investigación ¿puede ser un detonante para el desarrollo?
Hacer mejor ciencia ayuda de muchas maneras, entre ellas al desarrollo de los países. Si hablamos de crecimiento económico por ejemplo, un informe del McKinsey Global Institute plantea que si las mujeres participaran en la economía en condiciones iguales a las de los hombres, para 2025 agregarían un 26 por ciento al Producto Interno Bruto global anual. Ese impacto es equivalente al de las economías de Estados Unidos y de China juntas.  Y una de las regiones en donde se verían los mayores impactos sería la nuestra, América Latina. Por otro lado, se ha discutido ya la importancia de las mujeres para alcanzar los 17 objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas. En muchos lugares, las mujeres juegan un rol esencial en la toma de decisiones que tienen que ver con la sustentabilidad, como la administración de los hogares o la crianza de los hijos.




¿En qué nivel de prioridades y por parte de quién debería ser la inversión para fortalecer y aumentar el número y relevancia de las mujeres en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas?
Creo que la forma de impulsar la dimensión de género como parte de la investigación es a través de las agencias financiadoras. En los institutos de salud de Estados Unidos, por ejemplo, ya es obligatorio que todos los experimentos en medicina se hagan en el mismo número de hombres que de mujeres. Y si no lo hacen, no se les da financiamiento. En México, a través del CONACYT, hemos tomado acciones, por un lado, de equidad de género y, por otro, para incorporar el análisis de género a la investigación. Tenemos convocatorias específicas para mujeres indígenas, les ofrecemos extensiones a las investigadoras cuando se embarazan, aumentamos las edades para mujeres que participan en concursos para ocupar plazas en los centros de investigación o para ganar premios. Pero creo que la inversión inicial debe venir de la educación pública, para motivar a las niñas a estudiar en estos campos.
¿Ves diferencias significativas entre las condiciones en América Latina y las globales?
Lo que sabemos de las estadísticas de UNESCO es que América Latina es una de las regiones con el mayor número de científicas y que ante los problemas sociales de nuestra región, las mujeres educadas tienen más oportunidades que los hombres que no lo están. El problema es que en la mayoría de los países, las mujeres no logran llegar a los puestos de liderazgo ni a los ámbitos de decisión con la misma frecuencia que los hombres. Las brechas salariales y la dificultad para compaginar la vida personal con la vida académica siguen siendo un reto. Pero también veo que es un asunto generacional. Y que cada vez llegan más mujeres jóvenes pisando fuerte que van ocupando esos puestos de liderazgo. Veremos un cambio progresivo, sin duda.

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