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[CURITIBA] Hasta 2030, más de 20.000 niños brasileños podrían morir antes de los cinco años de edad y otros 124.000 de la misma edad serían hospitalizados debido a enfermedades relacionadas con bajas condiciones socioeconómicas como desnutrición, diarrea y neumonía.
 
Son proyecciones derivadas de un estudio publicado en PLOS Medicine (22 de mayo) para estimar si la política de austeridad fiscal del gobierno brasileño –agravada por diferentes escenarios de crisis económica– podría impactar sobre la mortalidad de niños del país.
 
"Construimos modelos matemáticos capaces de analizar estadísticamente las posibles consecuencias de la Enmienda Constitucional 95, en vigor desde 2017, que prevé el congelamiento de gastos públicos por dos décadas en Brasil", dice a SciDev.Net el epidemiólogo Davide Rasella, del Instituto de Salud Colectiva de la Universidad Federal de Bahía (Brasil) y autor del estudio.
 
Diversos expertos han advertido que esta medida ocasionará cortes drásticos en programas sociales de distribución de renta, como Bolsa Familia, y en acciones de salud pública, como la Estrategia Salud en la Familia.

El estudio demuestra que la desinversión en políticas de salud pública para niños puede significar la precarización del acceso a la salud para los más necesitados”.

Ole Norheim, Departamento de Salud Global de la Universidad de Bergen, Noruega.

 
Ambas iniciativas fueron objeto de atención detallada en el estudio y para simular su impacto los investigadores —usando la técnica de microsimulación— analizaron  individualmente datos de cada uno de los 5,507 municipios brasileños. Se consideraron variables demográficas y socioeconómicas como ingreso per cápita, tasa de pobreza, alfabetización, índices de fertilidad, saneamiento básico y mortalidad.
 
"Los resultados indican que estamos hablando de 20 mil muertes y 124 mil hospitalizaciones que podrían ser evitadas", explica el autor.
 
En 2015, según los últimos datos sistematizados por el Banco Mundial, había en Brasil 15.1 muertes de niños hasta 5 años por cada 100 mil habitantes (ver gráfico).
 
Según los datos del estudio, la Enmienda Constitucional 95 apartará a Brasil de los compromisos relativos a los Objetivos del Desarrollo Sostenible. “Los municipios más pobres serán más afectados, de acuerdo con los escenarios analizados”, subraya.
 
"Las microsimulaciones son métodos nuevos y prometedores para prevenir impactos ejercidos por cambios en políticas públicas", explica el médico Ole Norheim, del Departamento de Salud Global de la Universidad de Bergen (Noruega). "El estudio [de Rasella] demuestra que la desinversión en políticas de salud pública para niños puede significar la precarización del acceso a la salud para los más necesitados”, añade.

Haití encabeza la lista de países de América en mortalidad de niños menores de 5 años, con 67 muertes por cada 1.000 niños nacidos vivos. Le siguen Bolivia (36,9), Dominica (34), Guyana (32,4), República Dominicana (30,7) y Guatemala (28,5). Canadá (4,9), Cuba (5,5) y Estados Unidos (6,5) tienen la menor tasa de mortalidad del continente. En los países africanos, estas cifras pueden llegar a 120, mientras que en Escandinavia no pasan de 2,5.

El médico Luiz Augusto Facchini, del Departamento de Medicina Social de la Universidad Federal de Pelotas (Brasil), explica que el indicador U5MR sigla en inglés de mortalidad hasta los 5 años es una poderosa herramienta para evaluar la evolución social de un país.
 
"En la mayoría de las naciones europeas, por ejemplo, la presencia de un estado de bienestar social es muy marcada; por lo que, incluso ante crisis financieras, no se observan efectos negativos en indicadores de mortalidad infantil", refiere el investigador. En Brasil, esta lógica no se verifica. "Después de la ruptura democrática ocurrida en 2015, estamos viviendo en el país un verdadero desatino”, afirma.
 
Facchini recuerda que América Latina es un continente de extrema desigualdad. "Y Brasil sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo", dice. "Pero los avances que hemos alcanzado en las tasas de mortalidad han hecho de nosotros un ejemplo mundialmente reconocido; con la congelación de gastos públicos, echaremos todo eso a perder”. La directora de uno de los departamentos de vigilancia del Ministerio de Salud, Fátima Marinho, dice a SciDev.Net que su principal objetivo ahora es sensibilizar a gestores públicos y miembros de la sociedad civil para que los escenarios simulados en el estudio de Rasella no se concreten.
 
"En una crisis económica, debido a los altos índices de desempleo e inflación, poblaciones menos favorecidas acaban por limitar su acceso a una alimentación adecuada; para los niños, esto puede significar una cantidad insuficiente de proteína, y, consecuentemente, el desarrollo de innumerables problemas de salud", explica Marinho.


Enlace al artículo completo en Plos Medicine

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