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[SANTIAGO, CHILE] Si no se hace nada para cambiar la actual situación, la cantidad de físicas que hay en el mundo recién igualará a la de físicos en 258 años; tomará 320 años igualar la de enfermeras y enfermeros; y muchas más generaciones llevará en áreas como cirugía, ciencias de la computación, física y matemáticas.
 
Estas son algunas de las conclusiones del estudio de tres investigadores de la Universidad de Melbourne, Australia, publicado en PLOS Biology (abril 19) que buscó analizar cómo ha evolucionado la proporción de hombres y mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería, matemáticas y medicina (STEMM, por su sigla en inglés) y cuánto falta para alcanzar la paridad.
 
Los investigadores revisaron diez millones de artículos académicos publicados en los últimos 15 años para responder estas interrogantes. Eligieron este método, explican en el artículo, porque las publicaciones académicas “son la principal forma de diseminar el conocimiento científico y de medir la productividad científica”.
 
En ese tiempo, por ejemplo, registraron el género de 36 millones de autores de más de 100 países que publicaron en más de 6.000 revistas científicas, cubriendo la mayoría de las disciplinas en STEMM. Así construyeron una aplicación web para facilitar el acceso a los datos.
 
De las 115 discplinas examinadas, los hombres como autores predominan en áreas como física, ciencias de la computación, matemáticas, cirugía y química; además son más ‘senior’. Las autoras, en cambio, son más ‘junior’ y los aventajan en carreras médicas como enfermería y cuidados paliativos y en las ciencias sociales.
 
Señalan, no obstante, que la disparidad entre hombres y mujeres en las ciencias va disminuyendo a nivel mundial pero el progreso hacia la igualdad es tan lento que en muchas especialidades no se llegará al cociente 50:50 en este siglo.

“El desarrollo económico no es un buen indicador de la representación de las mujeres en las ciencias.”

Luke Holman, autor principal del estudio.

Al analizar país por país, el estudio muestra que aquellos con mayor ingreso per capita tienen menos autoras que varios de América Latina, África y Asia.
 
“Ingenuamente, asumí que en los países ricos y más iguales socialmente el cociente de género sería menor, pero no resultó así”,  dice a SciDev.Net Luke Holman, autor principal del estudio. “El desarrollo económico no es un buen indicador de la representación de las mujeres en las ciencias”, reflexiona.
 
Una tabla incluida en el estudio revela que en 2016 en Túnez, Brasil, Argentina, Cuba, México, Egipto, Tailandia, Indonesia, Marruecos, Sudáfrica, Uganda y Kenia entre 40 y 50 por ciento del total de científicos eran mujeres, mientras en Suiza y Alemania ellas rondaban 30 por ciento.
 
En áreas consideradas masculinas también hay más autoras científicas en varios países de América Latina, África y Asia que en países desarrollados como Alemania, Suiza o Japón. En química, por ejemplo, sólo 15 por ciento de los investigadores japoneses son mujeres, mientras que en Brasil, Indonesia, Tailandia y Egipto superan 40 por ciento.
 
“Hay factores históricos y culturales que podrían explican este hecho. Muchos países desarrollados que califican bien en igualdad de género en los rankings mundiales, tienen relativamente pocas mujeres científicas”, dice Holman.
 
“Para lograr paridad de género en STEMM necesitaremos encarar las restricciones centrales e institucionales que bloquean el progreso”, opinó a SciDev.Ne Sophia Huyter, directora ejecutiva de Mujeres en Ciencia y Tecnología, quien no participó en el estudio.
 
Entre estas restricciones están las “suposiciones y estereotipos sobre género que operan en las interacciones personales, procesos evaluativos y culturas departamentales”, según un artículo de las Academias Nacionales de Ciencias de EEUU, citado en el estudio. En el estudio original, en tanto, los autores proponen que para acelerar el proceso hacia la igualdad de género en STEMM es necesario mejorar las condiciones, integrar y retener mujeres en STEMM.
 
Para ello, sugieren perfeccionar la industria editorial académica y la revisión por pares; igualar el acceso de las mujeres a redes profesionales informales; garantizarles iguales recursos en el trabajo; y mejorar la licencia parental y las medidas para facilitar la vuelta al trabajo si interrumpieron su carrera.

Enlace al artículo en PLOS Biology

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