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Es tiempo de cosecha para Dora Barrancos. A la historiadora, socióloga y militante feminista le concedieron este año sus dos primeros doctorados Honoris Causa por las universidades argentinas de Córdoba y Mar del Plata. Además de que su militancia feminista de años empieza a dar más frutos y contagiar a nuevas generaciones, continúa con la pelea por más presupuesto para su área de humanidades dentro del directorio del Conicet (desde 2010), cuya plantilla de investigadores tiene más mujeres que hombres en total, pero si se la mira bien ellas están en porcentajes más altos en los primeros puestos de los escalafones.

“Yo tampoco nací feminista”, dijo en una charla TED (que tiene más de 40.000 vistas) y contó que “se convirtió” tras una experiencia en 1979 cuando estuvo exiliada en Brasil debido a la dictadura argentina. “Hemos andado un largo camino, pero faltan muchísimas cosas para la completa equidad entre los sexos”, dice.


¿Cuáles son las dificultades que enfrentaron y enfrentan las mujeres en ciencia? ¿Cambió algo en los últimos tiempos?
No es una modificación exuberante, pero hay cambios. Antes, las mujeres en las ciencias pasaban sin reconocimiento. Siempre hubo un cierto número de investigadoras. En Argentina egresaban de química, biología… Pero no es que sólo las ciencias exactas fueron poco amigables.

También lo fueron en filosofía e historia; también las humanidades fueron patriarcales. Los cambios se producen desde los años de 1960, con la incorporación masiva de mujeres que comenzaron a investigar, si bien de manera menguada en número y en reconocimiento.

Y se producen de manera singular desde la democracia (desde 1983) y con la habilitación con más fuerzas de los cursos de posgrado. La posgraduación fue muy interesante para las mujeres: muchas que habían visto recortadas sus posibilidades o menguadas sus tentativas crearon la expectativa de que con posgrados mejoraban sus condiciones. Y en alguna medida fue así. Hasta hace cuatro años había más posgrados de mujeres que de varones. Si están relegadas, encuentran que la chance de autorizarse a más calificación, posgrados, doctorados.


¿Sigue habiendo carreras “menos femeninas”?
Hay algunas ciencias en que el volcado vocacional fue notable, como la biología y las ciencias médicas. Son las dos grandes ramas que convocan más mujeres que varones del Conicet. Donde menos hay es en tecnologías. Ojo, en ingeniería de materiales, hay más de 40% de mujeres.

Pero en las tecnologías más duras no hay casi mujeres. Y hay poca o menor presencia en informática. Hoy la informática es un área que sin la cual no hay nada. Cuando no era así había mujeres, ahora hay muchas menos. Se cumple el precepto que las feministas teníamos claro en los 80: cuando una profesión se envilece, se llena de mujeres. Por ejemplo, medicina está muy feminizada ahora que paga menos.

“Soy optimista porque hay una amigabilidad de presupuestos feministas en muchísimos varones. Un mundo feminista es de equivalencias, equidades e igualdades”.

Dora Barrancos


¿Cómo es su día a día en el directorio del Conicet donde está doblemente en minoría: por ser mujer y por pertenecer a las ciencias humanas?
Te diría triplemente en minoría por mis adhesiones y mis convicciones políticas e ideológicas. Hemos trabajado desde 2010 en repartir 25% para las cuatro ramas: ciencias biológicas y médicas; exactas y naturales (una concepción del siglo XVIII, pero ese es otro tema); las tecnológicas (ingenierías) y las humanidades.

Un cuarto para cada una, algo que se respetó hasta el quiebre de 2016 (nuevo gobierno en el país). Desde entonces, 50% de las oportunidades de ingreso y becas tienen que ver con temas generales de las cuatro áreas, y 50% para temas estratégicos, que son solidarios con temas de los otros saberes y con poca injerencia social y humanidades. Así hemos sido limitadas en nuestra expresión. Pero también las otras ciencias básicas.


Después de la derrota por la ley de interrupción del embarazo en el Senado en Argentina, tras aprobarse en Diputados, ¿cómo sigue el movimiento feminista argentino y latinoamericano?
Hay que admitir esa derrota temporaria y dura. De todos modos, y no es un consuelo metafórico, la calle está ganada. Perdimos en el recinto, pero no afuera. Y ganar la calle es complejo y profundo, desestabilizador en el orden de la fragua de presupuestos patriarcales en todos los órdenes de la vida.

Hay una indexación de los sentidos, una gran manifestación sub 20 y tiene reflejos en todos los países de la región. Fue la gran exportación argentina, diría. Eso tenemos que analizar: por qué las jóvenes se pudieron rebelar. Hay un no retorno a mayor libertad sexual, a la capacidad de tomar decisiones sobre el propio cuerpo y la idea de que conmigo no van a hacer lo que hicieron con otras generaciones.

Y tiene réplicas en otros países: sabemos qué pasa en Brasil, pese a su retroceso político; lo que pasa en Chile, que es un país de movilización feminista muy importante. Esto reverbera. Soy optimista porque hay una amigabilidad de presupuestos feministas en muchísimos varones. Un mundo feminista es de equivalencias, equidades e igualdades.
¿Como un retorno a las ideas de libertad, igualdad y fraternidad de la revolución francesa?
Es posible que estemos completando la revolución francesa. Hay algo de esa insurgencia contra los moldes autoritarios. En ese punto, sí, es bueno traer esos viejos principios alterados por el curso real pero cuya utopía nos entusiasma.


¿Cuáles son los próximos pasos del movimiento feminista?
Organizar más las coaliciones y seguir con la determinación de que continúa la lucha por el aborto legal y el quiebre de valores patriarcales.
Hay dos agendas fundamentales: un pacto de revolución doméstica, una alteración para la paridad completa. Y la otra es la cuestión del mercado laboral: cómo lo alteramos para ser más equitativos, que más mujeres vayan a tareas masculinizadas y viceversa. En lo laboral es donde más se infringen los derechos, no sólo en sueldos.


Usted ha contado que descubrió el feminismo, es decir, que no nació feminista. ¿Cómo se hace para lograr que más mujeres, y hasta hombres lo sean?
Es cierto que hay mujeres que están cómodas con el patriarcado porque no quieren correr riesgos. Lo dijo Simone de Beauvoir: es el miedo a la libertad, que es un salto cuántico. Algunas persisten en la inmanencia. Hacen de cuenta que son libres. Requiere salto reflexivo de los riesgos de la libertad, pero hay que hacerlo para contribuir a la dignidad humana.


¿Qué le diría a una joven investigadora?
Que persista, que insista, que resista. No hay otra fórmula. Persistir, insistir, resistir. Finalmente se encontrará que todo tiene sentido. La abdicación deja marcas muy dolorosas. Nadie puede arrepentirse de haber sido valiente.