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Tatiana Espinosa nació y estudió en Lima, pero le atraía la selva y allá se fue. Consiguió una concesión de casi mil hectáreas en el suroriente de la Amazonía peruana, una de las zonas más riesgosas y remotas, y se dedica a cuidar especies forestales y animales de la tala y la minería ilegales.

Con ese fin fundó Arbio, una iniciativa sin fines de lucro liderada por mujeres en Tambopata, en la región de Madre de Dios, que permite que cualquier persona pueda escoger y apadrinar una hectárea, convirtiéndose en defensora virtual del bosque.

El año que viene esta ingeniera forestal con una maestría en conservación de bosques tropicales recibirá en Nepal el premio Jane Goodall Hope and Inspiration Ranger Award, que reconoce a los guardabosques y conservacionistas de todo el mundo que dedican sus vidas a la protección del mundo natural. Un tributo a la labor de conservación que realiza Tatiana desde hace más de una década.

“Es la primera vez que se lo otorgan a alguien de Latinoamérica. Es interesante que reconozcan la labor de Arbio, una iniciativa liderada por mujeres, de la que estamos orgullosas”, dice. No obstante, reconoce que si fuera hombre su trabajo sería menos arriesgado y más reconocido.

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Cortesía de Arbio para SciDev.Net.

 

¿Qué significa este premio?
Es un incentivo para continuar trabajando por la conservación del bosque y de especies amenazadas por actividades ilegales. Es una tarea muy difícil en una zona donde impera la corrupción, la ilegalidad y no existe control de parte del estado. Con este premio quisiera hacer un llamado a la sociedad y al sector privado a tomar conciencia sobre las consecuencias de nuestros actos y cómo todos pueden contribuir a actividades sostenibles en el bosque.

¿Qué hace Arbio y cómo fue que decidiste fundar la organización?
Estudié ingeniería forestal y cuando terminé, empecé a trabajar en varios lugares de la selva y llegué a Madre de Dios en 2003. Ahí hice mi tesis sobre los bosques de castañas y conecté con el lugar. En 2005 solicité al estado un área de concesión, ya que según la organización forestal, estos bosques estaban considerados para reforestación. Es decir que legalmente podíamos sacar madera y luego reforestar con una plantación. En 2006, después de un largo trámite me dieron 916 hectáreas de bosque en concesión. Son contratos por 40 años renovables. Con eso, apostamos a conservar el bosque maduro también para investigación. Entregar bosques para reforestación abre la puerta a la deforestación; se debe hacer en áreas degradadas, no en lugares donde existe bosque en buen estado.

Que una mujer esté a cargo y tome decisiones en un lugar con idiosincrasia machista es todo un reto, cuesta mucho que respeten a una mujer […] pero poco a poco con paciencia y hacerte respetar a largo plazo sí se logra”.

Tatiana Espinosa


¿Y ahí fundaste la organización?
Después de un posgrado en Costa Rica regresé dispuesta a armarla para poder gestionar el bosque y crear estrategias de conservación frente a la deforestación generada por la carretera interocéanica, que fue construida en Madre de Dios para conectar el Atlántico con el Pacífico y abrió paso a la minería ilegal de oro, ampliación de la frontera agrícola, monocultivos, narcotráfico, y tala ilegal de maderas valiosas. Arbio nace en 2010, el mismo año que se termina la carretera. Llevamos ocho años en el bosque y tenemos una pequeña estación biológica con infraestructura y servicios básicos para que investigadores y custodios del bosque puedan pernoctar. Contamos con 14 kilómetros de senderos bien delimitados. Y realizamos investigación biológica permanente. Estoy con mis hermanas Rocío y Gianella y valiosas personas locales. Es una iniciativa liderada por mujeres y de eso estamos orgullosas.

Y cuidan a una especie como el shihuahuaco, ¿por qué es tan importante?
El shihuahuaco [Dipteryx micrantha Harms, conocido comercialmente a nivel internacional como Cumaru], como  es un árbol emergente del bosque amazónico, es decir que crece por encima del dosel del bosque, es el más grande, con un crecimiento muy lento y madera muy dura. Por ejemplo, para alcanzar un metro de diámetro hacen faltan 700 años. Y hay de hasta 3 metros, entonces son árboles milenarios. Son justamente estos los que están talando. Allí anida el águila arpía, la más grande, y se alimentan el guacamayo y mamíferos. Tiene gran demanda en los mercados chino y norteamericano para pisos de parquet. La comunidad científica se ha manifestado que así no es sostenible, pero el lobby maderero ha presionado para que no se sume a la lista de especies amenazadas.

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Arbio es una asociación de protección al bosque liderada por mujeres.
Cortesía de Arbio para SciDev.Net.

¿Cómo defienden al bosque?
Tenemos el programa Defensores del Bosque, que es protección afectiva del bosque, de las 916 hectáreas. Con el shihuahuaco como insignia, pero también de la fauna, mamíferos, reptiles. Hacemos restauración de bosques con una metodología que imita el bosque natural. Y tenemos tecnologías digitales para promover el vínculo con las personas. En la web se puede ver el área y escoger una hectárea y apadrinarla para ser parte de la comunidad de Arbio y convertirse en defensor del bosque. Y estamos desarrollando una criptomoneda para salvar el bosque.

¿Es difícil llegar al bosque?
Vivo en Puerto Maldonado, capital de Madre de Dios, zona sur de Perú, en la frontera amazónica con Brasil y Bolivia. Tengo una moto amarilla y me muevo por la ciudad. Para entrar al bosque, me espera un bote para llegar a la concesión, donde viven el señor Emérito y doña Consuelo, custodios forestales que realizan patrullajes terrestres y fluviales para evitar el ingreso de invasores o taladores ilegales. Entre 5 y 10 días al mes voy con combustible, víveres, medicinas y todo lo que se necesite. Para llegar son 40 minutos por tierra y cuatro o cinco horas en bote. La estación queda en la orilla del río Las Piedras. Un lugar ideal para ver la Vía Láctea y las estrellas, donde no hay internet ni teléfono. La conexión es cien por ciento con la naturaleza. Tenemos torre elevada, agua y generador eléctrico que nos da dos o tres horas de luz por noche, y algunas lámparas solares. Así trabajamos, impulsamos la presencia del bosque, recibimos voluntarios y tenemos una parcela de investigación.


¿El Estado aquí no aparece?
Día a día pasan los botes con mucha madera y no existe control estatal en la cuenca. Por lo tanto se saquea. Cuidamos el área que protegemos pero más allá de eso no podemos. Mientras no ingresen a nuestra zona no puedo hacer nada. Trabajo con fiscalía y abogados porque igual hay amenazas y estamos alertas.

En especial respecto de tu condición de mujer, ¿qué complicaciones ha añadido a una tarea de por sí difícil?
Que una mujer esté a cargo y tome decisiones en un lugar con idiosincrasia machista es todo un reto, cuesta mucho que respeten a una mujer. Sin embargo, cuando tengo un hombre al lado, aunque no hable, es gracioso esto, simplemente parado al costado, me respetan más (ríe). Si fuera hombre muchas cosas serían más fáciles y tendría menos riesgos, me he frustrado, pero sé que no es imposible. Es más difícil, pero poco a poco con paciencia y hacerte respetar a largo plazo sí se logra.

¿Qué les dirías a otras mujeres también interesadas por la naturaleza?
Que busquen hacer redes, que se conecten, que nos escribamos. Cuando creamos Arbio fue para esto, para armar una plataforma que una a la gente, además de para participar de la conservación y la investigación. Queremos que las personas se conecten de manera transparente y se sientan parte de la conservación. Para emprender hay que estar muy seguro de la pasión, porque los frutos se ven a largo plazo. No es fácil, pero da satisfacciones. No hay que tener miedo.