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El monitoreo del cambio climático en Centroamérica tiene, desde el viernes 11 de mayo, un nuevo aliado que vigila desde el espacio: se trata del satélite costarricense Batsú-CS1, que fue puesto en órbita con éxito desde la Estación Espacial Internacional (EEI) con la misión de recopilar datos relacionados con la fijación de carbono durante los próximos seis meses.

A escasas cinco horas de su lanzamiento desde el módulo de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) en la EEI, llamado Kibo, el satélite hizo contacto con el centro de control de la misión en el Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), en la ciudad de Cartago (Costa Rica).

Con ello se registró el óptimo funcionamiento del primer satélite costarricense y centroamericano enviado al espacio, y además marcó el inicio de una novedosa incursión de la región en las misiones espaciales.

Junto con el satélite costarricense Batsú-CS1, fueron lanzados el primer satélite keniano, 1KUNS-PF, desarrollado por la Universidad de Nairobi, y el satélite turco Ubakusat, desarrollado por la Universidad Técnica de Estambul. En el video se aprecia el lanzamiento de los dos primeros (Crédito del video original: JAXA).
 
“El valor agregado de este satélite radica en haberle asignado una misión científica; durante los próximos seis meses, recopilará diariamente los datos de crecimiento de árboles de melina (Gmelina arborea), emitidos por sensores llamados dendrómetros en una parcela experimental ubicada en la Zona Norte del país”, comentó a SciDev.Net Julio Calvo, rector del TEC e investigador principal del proyecto.
 
Este pequeño satélite —de diez centímetros por lado y un peso de un kilogramo— forma parte del Proyecto Irazú, desarrollado desde 2013 por el TEC y la Asociación Centroamericana de Aeronáutica y del Espacio (ACAE).

Al tiempo que se avanzaba en el diseño, ensamblaje y pruebas del satélite, se desarrolló un sistema de medición de biomasa forestal que se sirviera de la tecnología satelital para mejorar la recopilación de esta información.

instalación de estación remota
TEC
Adolfo Chaves, Yeiner Arias y Esteban Martínez instalan la estación remota en la Zona Norte de Costa Rica (Crédito: Julio Calvo / TEC).

Según explicó Calvo, la biomasa forestal se puede medir de manera manual con visitas al campo, o bien mediante técnicas de anclaje que podrían dañar a los árboles. Sin embargo, este sistema de dendrómetros permite hacer estas mediciones digitales de forma no invasiva a través de un sensor ultrasónico; tener una precisión milimétrica del crecimiento del árbol; obtener estos datos de manera remota gracias a su transmisión al satélite, e incluso contar con varias mediciones al día, para relacionar diariamente el crecimiento con variables ambientales obtenidas con otros sensores, aún a cientos de kilómetros de distancia.

“Al medir diariamente cuánto crece el árbol, podemos extrapolar cuánto crece la masa en una hectárea y traducirlo en cuánto dióxido de carbono (CO2) fija esa plantación a la atmósfera”, agregó Calvo, quien además es ingeniero forestal.

En sus palabras, las plantas están formadas por cadenas de hidrógeno y carbono; a través de las hojas y durante el proceso de fotosíntesis, la planta captura el CO2 como un gas, del cual obtiene el carbono —que queda fijo en su estructura— y libera el oxígeno al ambiente.
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Detalles de la misión (Crédito: Maricel Mata / TEC).

Batsú-CS1 fue construido bajo el estándar CubeSat —un formato pequeño y de bajo costo con forma de cubo—, que ya ha sido realizado en diversas universidades del mundo por su facilidad de acceso al espacio.

De acuerdo con sus promotores, una de sus ventajas es que permite a estudiantes y docentes tener experiencias de impacto en el desarrollo de capacidades en tecnologías espaciales.

Este principio fue puesto en práctica por el Instituto de Tecnología de Kyushu (KIT), uno de los socios del proyecto, en donde se promueve que estudiantes de países en desarrollo sean participantes directos del proceso. En este caso, tras recibir el satélite construido en Costa Rica, estudiantes costarricenses en KIT lo sometieron a pruebas de resistencia.

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‘Batsú’ significa ‘colibrí’ en bribri, idioma de uno de los pueblos indígenas costarricenses que lleva el mismo nombre. (Crédito: SETEC-Lab / TEC).

Adolfo Chaves, coordinador del Laboratorio de Sistemas Espaciales del TEC (SETEC-Lab), comentó a SciDev.Net que la experiencia del Proyecto Irazú demostró que el país cuenta con la capacidad de plantear soluciones empleando la tecnología espacial para realizar investigación independiente, desde y para países en desarrollo.
 
“En países de África, en India o incluso en Brasil, donde las distancias y el acceso a lugares remotos es difícil y caro, tener un dispositivo que mida automáticamente la biomasa forestal y envíe los datos por satélite es una gran contribución, y esta experiencia puede ser implementada en otros contextos”, agregó Calvo. El satélite contó con la contribución de instituciones públicas y privadas, colaboraciones internacionales, e incluso participación del público, que financió una parte del proyecto.

Mediante un reciente concurso dirigido a jóvenes se escogió el nombre del satélite, el cual fue propuesto por Marco Araya, de 16 años. ‘Batsú’ significa ‘colibrí’ y ‘portador de buenas noticias’ en idioma indígena bribri; se completa con ‘CS’ por CubeSat y ‘1’ por ser el primer satélite centroamericano.

Tras su misión –que se prevé que finalice en diciembre de este año-, Batsú-CS1 no generará basura espacial, pues se desintegrará al ingresar a la atmósfera.
 
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Marco Araya, de 16 años, fue el ganador del concurso para nombrar el satélite costarricense. Las jóvenes Mariela Sánchez y Adriana Alvarado fueron ganadoras del 2do y 3er lugar. (Crédito: Micitt)

“Centroamérica está experimentando un repentino —pero calculado— arranque e introducción a tecnologías espaciales, como refleja el inicio de forma paralela de esfuerzos en el desarrollo de satélites en Costa Rica y Guatemala”, mencionó a SciDev.Net Luis Zea, co-director del proyecto CubeSat de la Universidad del Valle de Guatemala, que está desarrollando un satélite parecido al Batsú-CS1 y que también incluirá una misión científica.

En sus palabras, en Guatemala actualmente se trabaja en la definición de un experimento llevado a cabo con dos agencias espaciales (NASA y el Centro Aeroespacial Alemán, DLR) y varias universidades (incluyendo MIT) “para la investigación de biopelículas microbianas; un método que usan las bacterias para propagar enfermedades”. Este satélite despegará hacia la EEI a mediados de 2019.

Para José Alberto Ramírez, jefe del Departamento Aeroespacial del Laboratorio de Sistemas Espaciales de la UNAM (México), estas iniciativas podrían romper con la tradición en desarrollo tecnológico espacial aislado que se ha venido dando en México y Sudamérica, al abrirse grandes oportunidades de colaboración regional.

“El potencial de la tecnología espacial es ahora una necesidad, no una opción, pues pueden salvaguardar la vida de personas en muchos países”, mencionó a SciDev.Net.

> Vea cómo se vivió la primera conexión espacial con un satélite costarricense desde el TEC (Costa Rica).