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[CIUDAD DE MÉXICO] Pese a que la comunicación pública de la ciencia es cada vez más valorada por los investigadores mexicanos, su participación en ésta es aún limitada y llena de desafíos.

Así lo revela una encuesta que recogió sus percepciones y actitudes hacia la comunicación en el marco de las iniciativas emprendidas en la materia por el actual gobierno en años recientes, dentro de las cuales se busca promover el involucramiento de los científicos.  

Aunque es la primera vez que se realiza en México, los datos obtenidos son similares a los detectados en otros países. Por ejemplo, tal como sucede en Australia, Reino Unido, España, Argentina, Italia y Francia, dos factores parecen limitar su actividad comunicativa: el tiempo y la falta de incentivos para su carrera.

Las encuestas fueron respondidas por 167 de los 2.422 investigadores que trabajan en los Centros Públicos de Investigación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) y los resultados se publicaron en junio en la revista Public Understanding of Science.
Según éstos, la mayoría de científicos participa ocasionalmente (entre dos y tres veces por año) en prácticas comunicativas y cuando lo hacen es como respuesta a iniciativas de otros actores.

El 63 por ciento participa en actividades de contacto directo con el público durante ferias y semanas nacionales, y 61 por ciento suele dar entrevistas a la prensa. Más de la mitad realiza “colaboración con los medios” (51 por ciento); solo 24 por ciento tiene blogs científicos y poco más de la mitad (56 por ciento) usa las redes sociales, aunque se desconoce si estas se usan para promover actividades científicas o con fines personales.

Las actividades de comunicación pública de la ciencia deberían ser evaluadas y consideradas en la productividad de los investigadores; de cumplirse lo anterior también serían incentivadas de manera económica”.

Norma Herrera, Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada.


A lo largo de este sexenio, CONACYT ha promovido la comunicación, como puede observarse en las convocatorias a proyectos de comunicación pública de la ciencia, y en las oficinas y áreas que se han desarrollado en los centros públicos.

Sin embargo, estos programas no han logrado aumentar la participación de los científicos. Esto es una expresión de “la incongruencia a la que está sometida la comunicación de la ciencia” en el sistema de los Centros CONACYT, según el análisis de las autoras, Noemí Sanz Merino, especialista en filosofía de la Universidad de las Islas Baleáricas (España), y Daniela Tarhuni, jefa del Departamento de Extensión Académica del Centro Peninsular en Humanidades y en Ciencias Sociales de la UNAM (México).

Al mismo tiempo que la comunicación de la ciencia es institucionalmente reconocida, no es parte sustancial de la evaluación de los académicos. Parece razonable pensar que no hay tiempo para producir ciencia de alta calidad e impacto y a la vez ser bueno en comunicar el conocimiento producido, explican las autoras en diálogo con SciDev.Net.

Este es el dilema que enfrentan muchas iniciativas orientadas a aumentar la comunicación, ya que no existe un consenso generalizado -no solo en México, sino globalmente- respecto del nivel de compromiso que debería exigirse a los investigadores.

Jesús Mendoza, subdirector de Radio y Televisión de CONACYT, coincide en que la falta de estímulos académicos desincentiva la participación, y cree que estas tareas deberían recibir mayor reconocimiento, aunque no necesariamente volverse obligatorias. Una alternativa es incorporar la comunicación como parte de la gestión de un proyecto de investigación, igual que se contemplan recursos para su administración, dice Aleida Rueda, coordinadora de comunicación en el Instituto de Física de la UNAM.

“Así, toda actividad académica que requiera fondos podría incluir una actividad de comunicación con recursos asegurados. Es una buena forma de empezar a darle reconocimiento, financiamiento y profesionalización a estas actividades”, agrega.

Norma Herrera, a cargo de la comunicación en el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, apuesta por una estrategia más vinculante.

“Las actividades de comunicación pública de la ciencia deberían ser evaluadas y consideradas en la productividad de los investigadores; de cumplirse lo anterior también serían incentivadas de manera económica”, sostiene.

> Enlace al resumen del artículo en Public Understanding of Science

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